Pandemia y trata frenan el “sueño americano” en Puebla

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La búsqueda de una mejor calidad de vida, la inseguridad y las pocas oportunidades son razones por las que las personas abandonan su país

Veinticuatro horas al día, a veces solos y otras en grupo, hombres, mujeres y niños con los zapatos raspados y los pantalones llenos de polvo salen de sus países con la intención de cruzar la frontera y cumplir el “Sueño Americano”, cada persona deja su país por razones distintas, algunas lo hacen porque quieren buscar un futuro mejor, mientras que otras se trasladan por inseguridad, trabajo o por familia. Las rutas los lleva a pisar territorio mexicano, en muchas ocasiones a caminar por las calles de Puebla.

Al comienzo de la pandemia de COVID-19, los cruces fronterizos disminuyeron a medida que los países se cerraban temporalmente para frenar la propagación del virus. De enero a diciembre de 2020 el número de extranjeros presentados ante la autoridad migratoria en Puebla fue de 902, de ellos, 131 retornaron a El Salvador, 319 a Guatemala y 411 repatriados a Honduras.

Muchos se detienen en el albergue de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción para descansar, recibir algo de alimento o darse un baño de agua caliente y un cambio de ropa limpia. Algunos permanecen durante semanas, temerosos por la posibilidad de un regreso abrupto.

A decir de Julius Anderson Fossuo, responsable del albergue tras el fallecimiento del Padre Gustavo Rodríguez, el paso de migrantes por tierras poblanas ha disminuido por dos razones: la llegada de la pandemia de coronavirus y la trata de personas que azota a la entidad, ubicando al estado en el segundo lugar a nivel nacional con mayor número de carpetas de investigación por este delito.

“Creo que la situación de la pandemia y el descubrimiento que aquí hay trata de personas recibimos a menos migrantes, porque se comunican entre ellos, los que ya están en Estados Unidos o en México se comunican con los que aún están en Honduras o Guatemala, conocen los caminos, por dónde pasar y por dónde no, entonces se desviaban, pasaban por Veracruz o por otras líneas. Puebla se ha vuelto peligroso para los que quieren cruzar”, dijo.

De acuerdo con información de la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas (Fevimtra) Puebla ocupó el segundo lugar a nivel nacional con el mayor número de carpetas de investigación relacionadas con casos de trata de personas entre febrero 2008 y julio 2020 al registrar 96 casos. Sin embargo, en el mismo periodo, la Fiscalía General del Estado (FGE) reportó 170 denuncias de este tipo, aunque en ninguna de las Secretarías existe un rubro específico que determine la nacionalidad de las víctimas.

Según la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación (Segob) de enero a mayo de este año, alrededor de mil 553 personas extranjeras fueron repatriados, 760 regresaron a Honduras, 524 personas a Guatemala, 123 a El Salvador, 98 a Nicaragua y 20 a Cuba.

“Los últimos seis meses han llegado al albergue menos de 100 personas, el domingo llegó un migrante, hizo un día y se fue. Con la pandemia sólo venían a comer o cambiarse, las personas que se quedaban eran mujeres con niños, incluso ayudamos a retornar a seis personas a Honduras, se quedaron aquí como tres semanas y regresaron con su pasaporte provisorio”, contó.

¿QUÉ PASA CON EL ALBERGUE DESPUÉS DE LA MUERTE DEL PADRE?
A finales de junio de este 2021, el sacerdote Gustavo Rodríguez, hombre que dedicó su vida a cobijar y apoyar a migrantes, falleció por complicaciones en los pulmones, dejando en incertidumbre el albergue de la parroquia ubicada en el norte de la capital poblana.

A decir del ahora encargado de dar asilo al necesitado, la partida del párroco no alteró la cantidad de migrantes alojados, pero sí impactó en el apoyo recibido para el albergue, “Cuando cayó enfermo y falleció, muchos dejaron de apoyar, entre ellos la Red de la Ibero, así como los amigos del padre que apoyaban con ropa o económicamente, dejaron de hacerlo”.

Ante este panorama aseguró que no ha dejado de movilizarse para conseguir nuevas redes de apoyo, sin embargo, lo obtenido no se compara con lo que se tenía cuando estaba el “Padre del morral”, “Aunque tengo apoyo de gente que trae comida y ropa, todavía nos falta mucho”.

EN LA BÚSQUEDA DE UN MEJOR FUTURO
Así como hay personas que no lograr cruzar la frontera o son expulsados, hay otros que han logrado trasladarse incluso en más de tres ocasiones, este es el caso de Braulio Rojas, quien a sus 42 años de edad dejó el municipio de Acatlán de Osorio y se dirigió a Los Ángeles para mejorar su calidad de vida.

El temor de ser expulsado ya habría desaparecido pues era la cuarta ocasión que “brincaba el charco”, a decir de Brauilo, el camino ya se lo sabía de memoria. “Uno se acostumbra a ir y venir, la primera vez da miedo, pero ya las siguientes vas tranquilo porque ya sabes a dónde llegar, ya no da miedo ir a buscar trabajo, le había agarrado más confianza”.

La razón para emprender el último viaje fue para tener dinero ahorrado para cualquier imprevisto, pues de acuerdo con Rojas, la situación en México, en específico en Acatlán la “cosa es incierta”. Aunque desde su corta edad aprendió el oficio de la sastrería, ésta no le daba una estabilidad económica y por ende veía un futuro incierto.

El primer viaje que realizó a Estados Unidos fue para comprar un terreno para hacer su casa. En el mismo momento que decidió migrar, su esposa estaba embarazada de su primera hija, “Nosotros queríamos dejar de rentar y poder tener nuestra propia casa, aunque mi esposa le daba miedo que me fuera, yo decidí hacerlo, sobre todo para darles una mejor calidad de vida”.

Después de días de incertidumbre, hambre y miedo al recorrer el desierto llegó a Nueva York donde fue recibido por algunos familiares. Se desempeñó en una maquiladora de ropa. “Cuando una persona decide migrar siempre piensa que las cosas mejorarán, Sin embargo, cuando llegas al destino, te topas con los obstáculos, allá se sufre mucho”.

La meta de construir su casa no se logró en una sola visita al país vecino, Rojas recorrió la misma rauta rumbo a Estados Unidos en tres ocasiones más para lograr su objetivo. “Tuve que ir y venir en tres ocasiones, primero para comprar el terrero, y dos más para empezar y terminar de construir la casa, ya la última fue para juntar un dinero extra”, recordó.

A sus 50 años de edad y en medio de una pandemia, reconoció lo peligroso que es el ir y venir a otro país, “aquí en México hay más pobreza, hay que luchar más para sacar dinero y lo que saca uno no nos alcanza, claro que cruzar da miedo, pero es nuestro único recurso para salir adelante. Ahora con la pandemia bajó el trabajo, es muy poco lo que vamos sacando, es más difícil vivir”.

Una historia más de una persona buscando una mejor calidad de vida y contribuir a la economía de la familia es la de Héctor Flores, quien dejó Acatlán de Osorio a los 23 años de edad. En el momento de partir apenas había terminado la preparatoria, pero por la situación familiar decidió emigrar para poder trabajar.

Cuando llegó a Arizona, fue cobijado por familiares, sin embargo, tuvo que viajar hacia Nueva York para poder tener un hogar. Al comenzar la búsqueda de empleo, se dio cuenta que la situación no era tan fácil como se la habían pintado. “Trabajé de lavaplatos, pero la verdad es que la vida es más difícil por el lenguaje, no me podía comunicar con las personas, además, la situación era muy similar a la que se vivía en México, allá también está difícil”.

Después de tres años de residir en Estados Unidos y tener dinero suficiente para apoyar a su familia por unos cuantos meses, decidió retornar a Acatlán y retomar sus estudios, en donde se graduó como licenciado en Ciencias de la Educación y actualmente se sigue desempeñando como maestro.

Reveló que, aunque la situación económica es difícil por la pandemia, no está en sus planes cruzar la frontera. “Yo prefiero estar aquí, mi trabajo es estable entonces no tengo problemas económicos como antes, yo creo que para regresar a trabajar no iría, quizá de visita y con papeles”.

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